El rey íntegro

el rey arturo 1

Cuenta la leyenda que el mago Merlín fue el verdadero artífice de que el rey Arturo fuera un hombre honesto, digno de todo el respeto de sus súbditos y caballeros, llevando a Inglaterra a un periodo de paz y sosiego más que esperado. Podríamos decir que el Rey Arturo era un hombre íntegro, pero exactamente ¿qué queremos decir cuando nos referimos a que alguien es una persona íntegra?.

La integridad en una persona es la suma de sus ideales, convicciones, valores y creencias materializados a través de una conducta congruente con todos ellos. Es decir, si pienso que mentir a alguien no es la mejor opción y trato de decir siempre la verdad estoy siendo una persona íntegra y alineada con mis valores. Si por el contrario, mis acciones entran en conflicto con el criterio acerca de lo que es adecuado, el nivel de respeto hacia mi mismo bajará y con él la autoestima.

Ser íntegro no implica tomar la mejor decisión sobre un asunto particular, sino que el esfuerzo es auténtico por tomar la mejor elección y además soy responsable de sus consecuencias, sean cuales sean. Es decir, la integridad significa congruencia entre palabras, ideas y acciones.

Piensa por un momento en las personas que conoces, en algunas de ellas confías más que en otras, pues bien, la congruencia que muestran o la falta de ella es generalmente la razón de que confíes o no.

Sin embargo, a veces podemos vernos atrapados en medio de una confusión o conflicto entre nuestros valores y lo que realmente queremos. Tal vez hayamos aceptado un código de valores que vaya en contra de nuestra naturaleza y necesidades, bien porque nuestros padres pensaban de esa manera, por nuestra cultura o religión, etc. y, sin embargo, no nos sentimos cómodos actuando de esa forma. Tan pronto percibimos que el seguir estas normas nos lleva a la infelicidad o incluso a la autodestrucción, es hora de poner en cuestión estos principios en vez de limitarnos a vivir sin integridad. Imagina por ejemplo una persona que gana mucho dinero pero procede de una familia con pocos recursos económicos, o más común cuando estamos en plena adolescencia y desafiamos los valores y criterios de nuestros padres. Para resolver estos conflictos, a menudo tenemos que reformular no sólo nuestros valores, sino los compromisos que hemos adquirido, nuestras prioridades o incluso desafiar a la figura de autoridad que nos los ha inculcado.

Vivir de manera íntegra y consciente implica reflexionar sobre los valores que nos han enseñado y ver si encajan con nuestra verdadera naturaleza.

Un ejercicio que tal vez pueda ayudarte a aclarar alguna de estas ideas es buscar finales para las siguientes sentencias:

  • La sola idea de ir contra los valores de mis padres………
  • Si tuviera que pensar por mí mismo los valores según los cuales quiero vivir, entonces …………

El bueno de Merlín dejó a Arturo diez retos para poder llegar a ser un rey íntegro, seguro que también pueden servirte para revisar tus valores y convertirte en el rey de tu vida, te atreves?.

  1. Descubre la serenidad y tranquilidad cuando el Reino esté más imposible de entender.
  2. Nunca olvides que el dolor que has vivido y los problemas que has experimentado, te darán el poder de caminar por la vida, enfrentando cada situación con más optimismo y valor.
  3. Nunca olvides que habrá seres cuyo amor y comprensión siempre estarán contigo, aun cuando te sientas solo.
  4. Que una palabra generosa, un abrazo y una sonrisa SALGAN DE TI todos los días de tu vida.
  5. Recuerda siempre el sol aun en medio de la tormenta.
  6. Enseña amor a aquellos que odian.
  7. No te preocupes demasiado por lo material, más bien valora la bondad y generosidad que habitan en tu corazón.
  8. Encuentra tiempo cada día para apreciar la belleza y el amor que te rodean.
  9. Comprende que, como seres humanos, tenemos muchas cosas en común, pero en el fondo todos somos diferentes.
  10. Encuentra suficiente fortaleza en tu interior para determinar por ti mismo tu valor y no depender de la opinión de otros para reconocer tus habilidades.

(Los retos de Merlin a Arturo, del libro “How to be a King” de Eleanor Cromwell)

Anuncios

¿Qué hace que no te suicides?

firmamento3

Un día leí un texto que decía: “Los dos días más importantes de una persona son, el día que nace y el día que descubre para qué”. No existe una norma universal para juzgar lo que vale la pena y lo que no vale la pena hacer. Esperar, desear es para los niños y actuar para los adultos. Algunos autores dicen que vivir sin un propósito es vivir a merced del azar, de un acontecimiento, de una llamada o de un encuentro fortuito. Es como flotar sobre un corcho en medio del mar a merced de las olas y el viento, sin una iniciativa que fije una dirección.

Si te preguntara ahora mismo, como hacía el famoso psiquiatra Dr. Frankl, a sus pacientes, ¿ por qué no te suicidas? tal vez encuentres una respuesta clara o, al menos, una orientación de cuáles son los propósitos de tu vida. Tal vez un hijo, un talento, o algún recuerdo que valga la pena rescatar del olvido, sea lo que sea, tu respuesta puede ser el principio de un camino hacia la vida plena. Conocer tus propias metas, lo que te impulsa, dice mucho de ti mismo y sobre lo que consideras posible y adecuado para ti.

Sin embargo, es muy curioso que esta idea de propósito se entiende mucho mejor en el ámbito profesional que en el personal. Y esta puede ser la razón por la que muchos de nosotros buscamos realizarnos o el éxito en nuestra vida profesional antes que en las relaciones personales. Y si no recuerda cuando estabas estudiando en qué pensabas. Seguramente te imaginabas alcanzando un cierto puesto de trabajo, o desarrollando una profesión y te veías disfrutando de ese tiempo. Entonces volvías al presente y te planteabas ¿cómo voy a conseguirlo?, ¿qué herramientas necesito?, ¿son mis objetivos realistas?, ¿a qué tendré que renunciar para conseguirlo?. Sin embargo en las relaciones con los demás, raramente nos preguntamos: “si mi meta es tener una relación con éxito, ¿qué debo hacer?, ¿qué acciones debo llevar a cabo para crear y mantener la confianza, intimidad, etc.?. Por supuesto, cuando comenzamos una relación de pareja tampoco paramos a preguntarnos ¿cuál es nuestro plan de acción para mantener estos sentimientos?, hasta que llegamos a la primera crisis y tal vez sólo entonces estos interrogantes surgirán.

Un propósito que no está materializado en un plan de acción no se lleva  a cabo, pero a veces lo que ocurre es que ni siquiera el propósito está claro porque una vez sabido, como decía Nietzsche,  quien tiene un por qué para, vivir, encontrará casi siempre el cómo.

Victor Frankl, fue un psiquiatra muy famoso al que posiblemente hayas leído en su libro El hombre en busca de sentido. En este ensayo cuenta su propia historia como prisionero en un campo de concentración. Allí vio cómo morían sus propios padres, su mujer y un hermano y sin embargo, habiéndolo perdido todo, pasando hambre, frío y las brutalidades propias de un Auschwitz en pleno apogeo, logró aceptar que la vida seguía siendo digna de ser vivida y eso le dio las fuerzas suficientes para no desfallecer. Como él mismo relata en su libro “vivir es sufrir, sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento”.

Asumir una vida con propósito implica:

  • Asumir la responsabilidad de la formulación de nuestras metas y propósitos de forma consciente. Para ello puedes preguntarte, ¿Cómo quiero que sea mi vida en 5, 10, 20 años?. ¿qué quiero lograr a nivel profesional?, ¿qué quiero en mis relaciones personales?, ¿tengo algún tipo de aspiraciones intelectuales o espirituales?, ¿están mis metas bien definidas o son difusas?.
  • Identificar las acciones necesarias. Si nuestros propósitos surgen desde lo más profundo de nosotros mismos, ¿cómo voy a llegar hasta allí desde el punto en el que me encuentro?, ¿necesito nuevos conocimientos, habilidades?, ¿cómo voy a adquirirlos?, ¿me siento capaz?, ¿qué obstáculos puedo encontrarme?.
  • Controlar que nuestras acciones sean coherentes con el plan. Tal vez tengamos un propósito firme y un así salirnos del camino bien por distracciones, problemas inesperados, falta de enfoque real, resistencias, etc. En este caso, sería interesante volver a los primeros pasos o revisar los objetivos.
  • Ver si los resultados que voy obteniendo me conducen a la meta final. Puede que tenga claro el objetivo y mis pasos sean coherentes con mi plan de acción, pero puede que aun así no esté consiguiendo los resultados que espero. En este paso pueden ocurrir varias cosas, tal vez esté obteniendo resultados a corto plazo pero esté generando un problema a largo plazo (por ejemplo, me estoy concentrando tanto en el trabajo que estoy descuidando mi vida personal), o tal vez esté consiguiendo algo que nunca pretendí y no me agrada. No tengas miedo, ve con la verdad por delante y sé consciente de lo que está ocurriendo.
  • No pierdas de vista a los objetivos “trampa”. A veces pensamos que vivir con propósito es tener metas de realización exterior, un proyecto, un trabajo, una casa, etc. pero la valía como persona no depende de tus logros externos, por mucho que te admiren por ello. La raíz de la autoestima no son los logros sino la puesta en marcha, la práctica, las acciones llevadas a cabo para tratar de alcanzarlos. Por eso, no olvides la posibilidad de incluir variables interiores, por ejemplo “el propósito de vivir con amabilidad congruente e intencionada”.

Un buen consejo para plantearte qué quieres conseguir en tu vida, según Frankl es vive como si ya estuvieras viviendo por segunda vez y como si la primera vez ya hubieras obrado tan desacertadamente como ahora estás a punto de obrar. Y una vez que lo pienses, actúa!!!!!!.

el hombre en busca de sentido

Cuando el cuerpo grita y la boca calla

grita

Esto ocurrió en un curso de liderazgo que impartimos hace unos años en el País Vasco. En un momento de la sesión preguntamos a los asistentes “¿alguno de los presentes cree que tiene derecho a existir?”. Todos se quedaron bastante sorprendidos, entonces pedimos a un voluntario que frente a todo el auditorio dijera en voz alta varias veces “tengo derecho a existir”. Le preguntamos cómo se sentía al decirlo y a los asistentes cómo de creíble resultaba lo que estaba diciendo. La persona dijo que se sentía tensa y los asistentes coincidieron en que había resultado poco natural. Después les pedimos que dijera algo tan simple como “2 y 2 son 4”. El tono de voz cambio, ya no había esa sensación de que estuviera pidiendo permiso al hablar. Y es que resulta difícil decir públicamente “tengo derecho a existir” con la misma serenidad y confianza con la que podemos afirmar algo que es obvio para todos como una simple suma algebráica.

Pero, ¿por qué nos cuesta tanto?.

Autoafirmarse significa respetar mis deseos, necesidades y valores y además buscar una expresión adecuada de todos ellos en la realidad. Es decir, es vivir de forma auténtica, hablar y actuar desde mis convicciones y sentimientos y quiero subrayar “actuar” porque ser idealista o aspirar a algo es una autoafirmación pobre, pero proyectar las aspiraciones en el mundo real sí, al igual que tener valores no es autoafirmarse pero perseguirlos y vivir de acuerdo a ellos, sí.

Hay culturas donde la autoafirmación es más común o está mejor vista. Recuerdo la película Criadas y Señoras situada en la Norteamérica en la que los negros servían a los blancos. Una de las criadas levantaba cada mañana a la niña que cuidaba haciéndole repetir “eres buena, eres lista, eres importante”. ¿Te imaginas los efectos sobre la autoestima de un niño el hecho de repetir durante años cada día de su vida un mantra así?. En nuestra cultura, la latina, nuestra fuente primaria de seguridad está en la afiliación a la tribu, a la familia, al grupo, empresa, etc. por lo que la autoafirmación puede percibirse incluso como algo amenazador y temible que implica una separación del grupo para poder desplegar la identidad personal. 

https://www.youtube.com/watch?v=1-u5ABXm2MY

 

No es ninguna obviedad que en algunas culturas, la “armonía social” tenga más valor que el proceso de individuación y la nuestra, aunque cada vez menos, es una de ellas. Decir lo que sentimos o pensamos puede causar desaprobación, mostrarnos felices y a gusto con nosotros mismos, celos y envidias, y sobresalir del grupo puede hacernos sentir solos. Tanto es así, que las personas con un sentido de identidad poco desarrollado pueden sentir un miedo excesivo al rechazo y prefieran quedarse quietos aunque sea a costa de perder una dosis importante de autoestima. 

No todas las manifestaciones de falta de autoafirmación son tan obvias. En ocasiones ésta se deja entrever en situaciones que muchas veces pasamos por alto o peor aún, a las que estamos acostumbrados, por ejemplo, una vida llena de silencios, de haber pasado por el aro cuando no estábamos de acuerdo, cuando la dependencia con una pareja nos hace callar, cuando nos han ofendido y hemos preferido no decir nada por evitar un enfrentamiento o simplemente cuando ni siquiera nos planteamos nuestra opinión con tal de agradar a alguien.

Lo que debemos recordar en estas situaciones es que ninguna jerarquía o medida de admiración hacia otro ser humano puede justificar el sacrificio del propio criterio. Y si no nos queda más remedio que hacerlo, debemos ser muy conscientes de los motivos por los que lo hacemos, si realmente nos compensa y no olvidar que nuestras ideas son otras. Pero ojo, no hay que confundir la autoafirmación con una rebeldía “sin causa”. A veces nos empeñamos en decir “no” a todo, incluso cuando no tiene sentido para nosotros o ganaríamos mucho más diciendo “si”. Desde luego, tampoco consiste en vivir en un enfrentamiento perpetuo. La autoafirmación es la capacidad de vivir de acuerdo a nuestros valores y expresarlos libremente aunque en ocasiones tengamos que armarnos de valor para respetar lo que deseamos y luchar por ello.

Una autoestima sana nos exige saltar al ruedo, estar dispuestos a mancharnos las manos, enfrentarnos y no rehuir a los retos de la vida sino luchar por dominarlos. Un ejemplo muy recomendable es la película de Will Smith “En busca de la felicidad” basada en una historia real de superación y autoafirmación. Te reto a verla y a experimentar las emociones que te suscitan, a vivirla con autoafirmación.

¿Asumes tu propia vida?

responsable mochilero

Cuando era muy pequeña fantaseaba con que iba por un bosque y me mordía una serpiente muy venenosa y entonces llegaba el responsable de mi grupo Scout y me llevaba en brazos durante varios kilómetros hasta una aldea donde pudieran encontrar el antídoto para la cura y evitar así que muriera. Guau, qué nena más retorcidilla!. La verdad es que lo que más me emocionaba de esa fantasía era la idea de ir en brazos de un fornido monitor guapo por el  que todas las chicas adolescentes bebían los vientos. Después con los años me di cuenta de que el guapo de Javoti, así llamaban al chaval que en aquella época no debía tener más de 18 años, era un poquito mayor para mi.

Esta historia la he recordado muchas veces a lo largo de mi vida y de alguna manera conecta directamente con un deseo de ser salvada permanentemente. Es como estas personas que pasan la vida diciendo “ay si me tocara la lotería” y lo más gracioso de todo es que en muchos casos ni siquiera juegan.

Cuando nos sentimos desvalidos o agotados o no estamos seguros de cuál es el camino que debemos seguir, o una decisión que hay que tomar, tenemos una tendencia natural a querer delegar nuestra responsabilidad a otros, a las circunstancias, a una señal, a que otros decidan por mi, etc. y esta perspectiva desafortunadamente poco hace en pro de una buena autoestima.

La práctica de la responsabilidad de uno mismo, de nuestra vida, nuestro bienestar y nuestros logros es un reflejo de que la autoestima está sana como una manzana. Pero, ¿qué implica ser responsable?.

  • Soy responsable de la consecución de mis deseos. Nadie ha venido a este mundo a servirnos. Si tengo deseos, soy yo quién debe satisfacerlos y si necesito ayuda para llevarlos a cabo, debo pedir explícitamente qué tipo de ayuda necesito y saber si esas personas pueden o quieren ayudarme. Según dice Nathaniel Branden en su libro Los 6 pilares de la autoestima, “si no estás dispuesto a hacer gran cosa, no es un deseo sino más bien una ensoñación”. Piensa en alguna de las cosas que quieres conseguir, ¿qué estás dispuesto a hacer por conseguirla?.
  • Soy responsable de mis elecciones y acciones. Pero ojo, no como responsable moral, sino como agente causante en mi vida. Para saber en tu caso qué implica, te invito a que hagas el siguiente ejemplo. Coge un papel y un lápiz y escribe lo más rápidamente posible sin pensar demasiado, 6 finales para la siguiente frase: “si asumo la responsabilidad de mis elecciones y acciones (entonces)…….”
  • Soy responsable de mi conducta con los demás. Cómo me dirijo a las personas de mi entorno, si les escucho o no, qué espero de ellos, las promesas que hago y si las cumplo o no. Piensa en 3 personas que realmente sean importante en tu vida y piensa cómo es tu conducta hacia ellas. Piensa si hay algún aspecto mejorable y sobre todo como decía Gandhi “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.
  • Soy responsable de cómo empleo mi tiempo. ¿El uso de la energía y del tiempo son congruentes con tus valores?. Por ejemplo tal vez sientas que tu familia es lo más importante en tu vida y, sin embargo, pasas la mayor parte de tu tiempo en el trabajo. O consideras que en tu trabajo lo más importante es captar clientes y luego dedicas el 90% de tu tiempo a asuntos más burocráticos. Puedes hacer una lista con las cosas que son más importantes en tu vida y al lado el % de tiempo y energía que les dedicas.
  • Soy responsable de mi felicidad personal. ¿Quién no ha pensado alguna vez, “si ella o él me quisiera más”, “si me cuidara”, “si pensara en mi”?, ¿entonces qué pasaría?. Una de las conductas más sospechosas de falta de madurez es la idea de pensar que tu felicidad depende exclusivamente de la aportación que los demás hagan sobre ella. Asumir la responsabilidad de nuestra felicidad nos vigoriza y nos devuelve la vida a nosotros mismos. Y ahí va la propuesta, busca siete finales al siguiente comienzo de frase: “Si asumo la plena responsabilidad de mi felicidad personal……..”-
  • Soy responsable de aceptar o elegir los valores de acuerdo a los que vivo. ¿Por qué votamos a un partido concreto?, ¿y las preferencias con los equipos de fútbol?, o aún más importante, ¿tú profesión la elegiste tú o sigues una tradición familiar?. Es decir, ¿tus valores son tuyos o los has adoptado de tu familia, entorno, moda, universidad, etc.?. Adoptar nuestra propia perspectiva ante la vida, nuestros valores, ponerlos en cuestión y si es incluso preciso, revisarlos es un paso fundamental si queremos que exista autoestima en nuestras vidas.
  • Soy responsable de elevar mi autoestima. Esperar a que nos toquen con una varita mágica desde el exterior es condenarnos a una vida de frustración permanente. La autoestima es un concepto que se trabaja desde el interior. Una autoestima saludable está en consonancia con todos los aspectos de la responsabilidad que hemos visto hasta ahora, pero cuidado! ser responsable no implica sentirnos también responsables de los asuntos que escapan a nuestro control y hacerlo también daña nuestra autoestima, especialmente cuando nos genera culpa. Cuando uno se siente responsable, hay una orientación ACTIVA hacia la vida, nos orientamos a buscar soluciones, cuando culpamos a los demás o a las circunstancias externas, mostramos por el contrario, una actitud pasiva “no es asunto mio, nadie me dijo lo que tenía que hacer, no depende de mi, etc.”.

Asumir la responsabilidad como principio filosófico supone asumir una idea moral muy importante y es que los demás no existen para satisfacer nuestras necesidades por lo que no tiene ningún sentido pretender utilizar a los demás como medio para nuestros fines. Si necesitamos cooperación de otras personas, debemos asegurarnos de que no estamos pidiendo a nadie que actúe contra su interés personal y mucho menos contra sus principios morales. Por tanto, para lograr que alguien emprenda una acción de una forma sana, deberíamos ofrecer razones significativas y convincentes en términos de sus intereses o metas.

Cuando entendemos que nadie va a venir a salvarnos, ni a enderezar nuestra vida por nosotros, ni a resolver nuestros problemas, logramos dar un salto cualitativo de consciencia en nuestra vida que sobre todo nos libera y nos hace actuar desde la mayor de las fuerzas que habitan en nuestro interior…la vida!!!. ¿Te atreves a hacerlo por ti?.

Aprendiendo a aceptarse

boda pedro
Tengo un amigo, Pedro, que se casó hace unos años  y quiso invitarme a su boda. La verdad es que yo aprecio mucho a Pedro. Nos habíamos separado en la misma época y pasamos los respectivos duelos a la vez. Estábamos tan descolocados que nos hacíamos compañía siendo conscientes de que ninguno de los dos nos podíamos aportar mucho más que eso, compañía. Pasaron muchos meses, yo me mudé a Valencia y un día apareció en su vida la que hoy es su actual mujer. Así que ahí estaba yo, invitada a una boda en la que únicamente conocía al novio, en Sevilla y sin acompañante. Cuando me llegó la invitación me di cuenta de que quería ir, era una alegría enorme para mi verle tan feliz, pero de pronto observé que, haciendo cola en mi cabeza, estaban todos los prejuicios posibles esperando su turno para presentarse. ¿Sola en una boda?, ¿sin conocer a nadie?, ¿a 800 km de distancia de mi casa, o sea, sin poder irme cuando quisiera?… ¿Y si no conseguía hablar con nadie en todo el día?, ¿y si se notaba que estaba aislada?, ¿y si la gente no era amable?…uf, cuánto miedo bailando a sus anchas dentro de mi cabeza. Así que decidí enfrentarme a ese miedo de dos maneras. Una encarándome a él, es decir, yendo a la boda, y la otra trabajando el fondo verdadero de ese miedo, mirarle cara a cara y saber qué quería decirme exactamente.

Buceando me di cuenta de que en lo más profundo ese miedo enmascaraba una falta de aceptación de quién soy y en mi caso particularmente en mi aspecto físico. Recordaba cómo de adolescente alguien había hecho algún comentario no muy agradable sobre mi aspecto y también recuerdo cómo en más de una ocasión algunas personas han destacado mi delgadez e incluso se han atrevido a decir “es que pareces tan poquita cosa”. ¿Cómo no iba a tener miedo de que 200 desconocidos no quisieran acercarse a “tan poquita cosa” si las personas más cercanas, es decir, las que me conocían mejor, destacaban esa característica en mi?.

Me di cuenta de que cuando alguien me decía “qué delgada estás” o “es que no comes, mira qué cara tienes”, me hacía mucho daño pero yo intentaba disimular como si no me afectara lo más mínimo, trataba de ocultar el sentimiento de dolor, pero al esconderlo lo único que conseguía era precisamente anclarlo con más fuerza en mi interior y después vivía como si esa realidad no existiera, creando una imagen de mi absolutamente distorsionada,  lo cual es muy diferente a aceptar cómo eres en realidad y sentirte genial por ello.

Leí mucho sobre el asunto y descubrí que la aceptación del dolor, de la realidad, es la condición previa al cambio, mientras que la negación es lo que te deja pegado a ese sentimiento. Tenemos la capacidad de rechazar cualquier cosa que experimentamos. Puedo negarme a recordar cosas, a mi carácter, a mi aspecto físico, puedo anular incluso el recuerdo de las acciones que me avergüenzan.

En uno de los libros descubrí un ejercicio que me pareció todo un reto pero ante todo una gran oportunidad de ser consciente de lo que me estaba pasando. Tal vez a ti también te pueda ayudar:

  1. Dedica unos minutos a contemplar uno de tus sentimientos o emociones que no te resulte fácil afrontar, inseguridad, dolor, envidia, rabia, pesar, humillación, miedo, etc.
  2. Trata de aislar ese sentimiento y trata también de acercar la mirada a él pensando o imaginando qué lo suscita.
  3. Respira ese sentimiento, céntrate en él a la vez que inspiras y acercas tu respiración a él y luego retira la atención según expiras.
  4. Imagina cómo sería la situación si no te resistieras a ese sentimiento sino que, al contrario, lo aceptaras plenamente.
  5. Dite a ti mismo: “en este momento estoy sientiendo esto (el sentimiento que has elegido) y lo acepto plenamente”. Al principio puede resultar difícil y tal vez el cuerpo se pongatenso como protesta. Si es así, inténtalo de nuevo, céntrate en la respiración y da permiso a tus músculos para que dejen de estar tensos y recuerda:

                Un hecho es un hecho. Si el sentimiento existe, existe.

  1. Piensa en permitir que el sentimiento exista. Tal vez te puede ayudar decirte: “ahora estoy analizando el mundo del miedo, el dolor, la envidia, etc…”
  2. ¿Y si no quieres aceptarlo?. Entonces pregúntate lo siguiente: ¿estás dispuesto a aceptar el sentimiento?. Si la respuesta es “no”, puedes preguntarte ¿estás dispuesto a aceptar que te niegas a aceptar la resistencia?.
  3. Practica este ejercicio tantas veces como necesites y verás que una vez aceptada la realidad, empezarás a poder ver opciones ante ella. Tal vez sea un cambio, tal vez un cambio de perspectiva o simplemente la tranquilidad de saber que has aceptado algo que te estaba haciendo daño.

Fíjate si es importante aceptarte tal y como eres que podemos ocultar nuestras limitaciones pero también nuestras dotes,  ¿las dotes?, sí, efectivamente, podemos estar tan aterrorizados de nuestros dones como de nuestras limitaciones. Si nuestras carencias plantean el problema de la insuficiencia, nuestros dones plantean el reto de la responsabilidad, y es por esto que también podemos darles la espalda. Podemos escapar tanto de nuestro lado oscuro como del brillante, de todo aquello que amenaza con hacernos sobresalir o estar solos, o que exige despertar el héroe que llevamos dentro.

Como casi siempre ocurre, la realidad es bien distinta a como la imaginamos en nuestra mente. Creo que pocas veces bailé tanto como en aquella boda!!!.

¿Vives en el Show de Truman?. Aceptar la realidad

el show de truman   ¿Cuántas veces hemos visto que algo/alguien nos hacía mal y hemos preferido continuar atados a la misma situación? y ¿cuántas veces ni te has planteado por qué haces lo que haces?. Una de las principales causas de la baja autoestima en el ser humano es el hecho de vivir como verdaderos sonámbulos, sin darnos cuenta de lo que realmente sentimos o pensamos. Es como vivir con el piloto automático puesto, como Truman en El Show de Truman, sin parar a entender qué hacemos ni por qué. Todas las tradiciones espirituales y filosóficas del mundo ofrecen un despertar a este estado de “ceguera” y esa es la razón por la que millones de personas las abrazan.

Si algo nos distingue de los animales es la capacidad de ser consciente de nuestras vidas, pero más allá, la consciencia, a lo que hemos llamado mente, es algo facultativo, es decir, podemos elegir ser conscientes o no, buscar la verdad o seguir en la zona de confort de nuestras vidas aunque sea muchas veces engañándonos. Sin embargo, vivir dando la espalda a la realidad de las cosas a la larga nos hace sentir incompetentes, confusos, como si nada dependiera de nosotros mismos y eso hace mucho daño a nuestra autoestima. Si lo pensamos con detenimiento, no existe una mayor traición que evadir los hechos que no queremos ver. Por ejemplo, a veces nos decimos “sé que tendría que dejar de fumar, pero ahora no es buen momento” ó “sé que esta relación no es lo que deseo, algún día tendré que pensar en cambiar eso”. Al cabo del día hacemos, cientos, miles de elecciones de este tipo y lo más crudo de todo es que algunas de ellas las hacemos de forma absolutamente inconsciente. Estas elecciones o más bien el resultado de ellas se van acumulando en lo más profundo de nuestra psique y la suma es esa experiencia llamada autoestima que vendría a ser algo así como la reputación que tenemos de nosotros mismos.

Ser consciente no es sólo darse cuenta de algo, sino además actuar en consecuencia. Así, puede que esté en una relación que no me aporta gran cosa, admito que no es lo que me hace feliz pero puedo darme largas asegurándome que aún estoy “pensando” sobre la situación cuando en realidad lo único que estamos haciendo es evitar la realidad… y es que llevamos fatal eso de enfrentarse al dolor. Pero, ¿cómo puede nuestra autoestima estar en un nivel mínimo de salud si no le damos crédito a lo que interiormente sabemos que hay?. ¿Es acumulativa tanta desacreditación?, sin duda alguna. Vivir de forma consciente es vivir de forma responsable con la realidad. Aunque no me guste lo que veo, lo que existe, existe y lo que no, no, por mucho que temamos o nos neguemos a verlo. ¿Cómo se puede estar alerta y ser consciente de la realidad?

  • Mantén tu mente activa. Elige conscientemente pensar, comprender. Esto se consigue comprendiendo que somos responsables de nosotros mismos, de nuestra vida y nuestra felicidad y por eso decidimos ser conscientes y no caer en la fantasía de pensar que otro puede tomar decisiones por mi.
  • Distingue los hechos de las interpretaciones y las emociones. Lo que percibes, lo que interpretas y lo que sientes son tres cuestiones independientes. Si no lo tienes en cuenta puedes hacer que tu realidad sea muy diferente a la que realmente es y muchas veces en tu propia contra.
  • No niegues las realidad por dolorosa que sea. Es muy natural querer evitar lo que nos suscita dolor o temor. Sin embargo, la solución muchas veces está en enfrentarlo. Estar atento a los impulsos de huida, por muy seductores que parezcan a priori, requiere un grado de sinceridad muy grande.
  • Invierte tiempo en saber “dónde estás” en relación con tus proyectos y objetivos. ¿Quiero estar feliz en mi pareja?, ¿cuál es el estado actual?, ¿tenemos un objetivo común realmente?, ¿hay cosas sin resolver?.
  • Actúa en sintonía con tus propósitos. A veces no hacemos caso a lo que más nos importa y viceversa. Quiero cambiar de trabajo pero ¿realmente estoy dedicándole tiempo a ello o simplemente me quejo de mi situación actual?.
  • Revisa tus creencias. “Voy a estar sola siempre”. Una vez que damos por buena una premisa, es inevitable con el tiempo que nos apeguemos a ella pero ser consciente implica lealtad hacia la verdad antes que a darse siempre la razón.
  • Ve más allá de las cosas. En la segunda mitad del siglo XIX el director de la Oficina de Patentes de EEUU dijo: “se ha inventado todo lo importante que puede inventarse”. Hoy se sabe que el conocimiento se duplica cada 10 años. Aún puedes aprender muchas cosas nuevas sobre el mundo y sobre ti mismo.
  • Interésate por el mundo que te rodea: el entorno nos afecta mucho y a distintos niveles. El mundo físico tiene consecuencias sobre nuestra salud, el cultural sobre nuestros valores y actitudes, el entorno social nos puede poner nerviosos o ayudarnos a serenarnos, etc. ¿Qué realidad te rodea a ti y qué puedes hacer respecto de ella?.
  • Conócete a ti mismo y podrás conocer a los demás mejor. Hay muchas personas eruditas pero analfabetas en su universo interior. ¿niegas o desmientes tus necesidades?, ¿racionalizas tus emociones?. ¿vives según esperan los demás de ti?, ¿sé lo que estoy haciendo cuando me siento bien y lo que no?, ¿sé que necesidades estoy intentando satisfacer?,etc. Estar dispuesto a percibir es aceptar que tendrás que considerar hechos molestos pero sabiendo que a largo plazo, ganas!.

 El reto de vivir conscientemente es una práctica, una orientación a la vida. Tendemos a ser más conscientes en algunas áreas de nuestra vida más que en otras. Si nos fijamos en las áreas en las que nos sentimos menos satisfechos, podemos ver dónde están nuestras frustraciones. Desde la sinceridad, podemos ayudarnos a dejar caer el velo a través de estas preguntas:

  • ¿Qué me hace difícil ser totalmente consciente aquí?
  • ¿Qué gano no siendo totalmente consciente?
  • ¿Qué pasaría si fuera totalmente consciente?

Como dijo Carl Jung: “Hasta que lo insconciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino”. ¿Te atreves a ver?.

Me asusta tu amor

miedo al amor

Lo que parece claro es que las relaciones son cosa como mínimo de dos y cuando no funcionan, posiblemente no se pueda responsabilizar a una persona, ni a una sola causa. Sin embargo, alguna de las razones puede estar relacionada con la falta de autoestima.

Nos pasamos la vida esperando a que “esa persona” nos cambie la vida, a que le dé color, sentido, incluso a que nos salve del abismo y resulta que cuando por fin la encontramos, ese amor se vuelve contra nosotros, nos invalida, nos asusta, no sabemos exactamente qué se espera de nosotros y en lo más profundo nos sentimos igualmente desdichados.

Una lectura rápida podría ser eso de que el amor, la estabilidad y la paz hay que buscarla en nuestro interior y de nada nos sirve que tengamos a una persona maravillosa al lado si previamente no hemos sido capaces de amarnos sin reservas a nosotros mismos, pero ¿por qué algunas personas rechazamos el amor cuando nos llega?.

En primer lugar están nuestras creencias sobre nosotros mismos (quién soy, valoración física y psicológica, posibilidades y limitaciones, fuerzas y debilidades, etc.).  A partir de éstas, creamos un conjunto de expectativas sobre lo posible y apropiado para nosotros. Es decir, si el concepto que tengo sobre mi no es muy elevado, me puede llevar a creencias erróneas sobre lo que merezco o no. Si inconscientemente creo que no merezco amor, difícilmente permitiré que alguien me pueda amar verdaderamente por mucho que fantaseemos con una relación idílica.

Imagina por un momento que alguien se enamora de ti y tú de esa persona. Su afecto y su devoción pueden confundirte porque chocan con la creencia de “no me creo digno de amor”, por lo que interpreto que el amor será el esfuerzo de la otra persona por llenar inútilmente un colador lleno de agujeros y estaré convencida de que esa persona finalmente se cansará de dar y dar y dar.

De esta manera, yo intento amar, pero como no tengo los pilares de una seguridad interna, la certeza de que estoy destinado a sufrir me hará elegir a alguien que me rechace, a alguien que me haga daño y si por suerte elijo a alguien con quien la felicidad sea posible, me encargaré de sabotear la relación a través de los celos, considerando catástrofes pequeñas fricciones o buscando formas de dejar antes de que me dejen a mi.

Y aquí viene el quid de la cuestión, desde el momento en el que “sabemos” que estamos condenados, amoldamos la realidad a nuestra creencia. Como la creencia (no me merezco una relación plena) parece inamovible, no nos queda otra que alterar los hechos, darles la vuelta para que finalmente me den la razón, por ejemplo “si me amas, es obvio que no eres lo suficientemente bueno para mi” y sólo alguien que me rechace será objeto de mi devoción.

La secuencia, entonces sería algo así:

  1. Empiezas una relación feliz porque el enamoramiento hormonal despista a tu baja autoestima
  2. Cuando pasa el tiempo, te entran las dudas y la ansiedad porque la realidad choca con tu creencia de que no mereces ser amado.
  3. Para reducir la ansiedad y guiado por la lógica inconsciente de la creencia de “no merecer ser amado”, haces todo lo posible por destruir la relación, boicotearla. Es decir, “no soy yo el que debe ajustarse a la realidad, sino la realidad a mi forma de entender la vida”.
  4. Tal vez la relación no se rompa pero sufres porque no eres feliz.
  5. Si logras darte cuenta, posiblemente puedes comprometerte con la idea de “ser feliz”, es decir, leerás libros sobre el tema, vas a conferencias, asistes a terapia para ser feliz en el futuro, pero no ahora. La posibilidad de felicidad en el presente es terriblemente inmediata.

De esta manera, lo que creemos sobre nosotros mismos crea, como dijimos, un conjunto de expectativas sobre lo apropiado para nosotros. Estas expectativas generan acciones que se convierten en realidades. Las realidades refuerzan las creencias originales de manera que vamos “inventando” profecías sobre nuestro destino que, si no somos capaces de cuestionar, se convertirán en nuestra vida entera.

El temor a la felicidad es muy común ya que puede activar voces interiores que digan que no la mereces, que no durará, etc. Hay que enfrentarse a esas voces destructivas, no huir de ellas, usarlas en un diálogo íntimo, desafiarlas poniendo en duda sus razonamientos y distinguirlas de la voz de nuestro adulto. Y la mejor forma para ser consciente de ellas es trabajar en mejorar nuestra propia autoestima. Los próximos posts del blog los dedicaremos a trabajar sobre la mejora de la propia percepción y fortalecer la autoestima.

Lo que la rutina esconde

gazapos

Me pregunto muchas veces cómo sería mi vida de no ser por los gazapos que hay en ella. Algunos de ellos han sido más sonados, incluso peligrosos para otros, pero afortunadamente, aunque por los pelos, nunca he herido a nadie ni ha habido que lamentar víctimas mortales.

Los gazapos son distracciones que se cometen al leer o escribir, aunque yo los extiendo a situaciones en las que tal vez has tomado una decisión demasiado arbitraria o impetuosa sin medir las consecuencias, o simplemente las cosas han resultado inesperadas, rocambolescas, como nunca podrías suponer. Para mi los gazapos son compañeros inseparables de vida. El más sonado que recuerdo ocurrió hace dos años. Yo viajaba con mi entonces jefa en tren a Oviedo. Todo se había desarrollado con normalidad, el tren puntual, habíamos trabajado durante el trayecto y acabado las tareas pendientes, habíamos comido en el tren y habíamos visto Men in black en la tele del tren. Al llegar a la estación subimos por la escalera mecánica del andén para cruzar la vía y volvimos a bajar hacia la salida por otra escalera mecánica. Debo decir en mi descarga que las escaleras eran bastante estrechas. Yo llevaba una maleta tipo troley y subí a la escalera detrás de mi jefa pero cuando fui a salir, la maleta se había quedado atrapada por las ruedas y no podía sacarla de las ranuras del peldaño, así que las personas que venían detrás (es decir, un tren entero) empezaron a caer unas sobre las otras como fichas de dominó. Yo empecé a tirar de la maleta presa del pánico al ver que la montaña de personas que había en la escalera era responsabilidad mia, con tanta fuerza que me hice un esguince en el antebrazo, hasta que alguien que pasaba por allí tuvo la inteligente idea de buscar el botón de parada de la escalera. Empecé a desescombrar maletas, zapatos, bolsos y a preguntar a todos, uno a uno, si se encontraban bien. Afortunadamente nadie había sufrido ningún percance personal importante, alguno menor en sus pertenencias. Aquella noche no pude dormir angustiada, pensando en que literalmente podía haber liquidado a unos cuantos en aquellas escaleras mecánicas. Imaginaba los periódicos locales dando la noticia y una foto mia mientras me detenía la policía, también pensaba en lo rápido que había sido todo y sobre todo en lo absurdo, porque a día de hoy no sé cómo se pudo enganchar la maleta de aquella manera.

Este y otro tipo de gazapos o “aliciadas” en mi caso, aunque afortunadamente con menos alcance para los demás, me han acompañado en la vida con cierta frecuencia. Estos ocurren en momentos totalmente comunes al menos a priori, por ejemplo ir circulando por una pista y que se enreden en los ejes de las ruedas del coche 40 kilos de ajos tiernos o estar lavando el coche y ponerse a llover y decidir que la lluvia quitaría el jabón y montar la fiesta de la espuma por la carretera o guardias civiles que te paran en un control y cuando descubren que has vivido en Las Palmas te retienen durante media hora para contarte sus batallas de cuando fueron destinados allí y olvidan por qué te habían parado. Son muchas, muchísimas…pero estoy segura que estas cosas, en mayor o menor grado, en el fondo nos pasan a todos y ahí viene la cuestión.

Es decir, ¿nuestra vida tiene gazapos o gazapillos que cuando contamos nos sonreímos, por inesperados, por fortuitos, por inverosímiles o pensamos que nuestra vida es una línea recta, sin altibajos?. ¿Sacamos partido de ellos para salir de la rutina y sentirnos más vivos o por el contrario, aunque ocurren, pasan desapercibidos porque no les prestamos ninguna atención?.

Te invito a que estés atento, a que observes las interacciones que se producen a tu alrededor o las que están a punto de suceder, aunque no ocurran, e imagines qué pasaría si….Tal vez puedas empezar a escribir un nuevo guión sobre lo cotidiano y disfrutar de las pequeñas cosas de una forma muy diferente. Incluso puede que la Ley de la Atracción esté esperando a que dibujemos con nuestra creatividad las escenas que queremos en nuestra vida, aunque os aseguro que yo nunca pedí descarrilar mi maleta en aquella escalera mecánica.

¿Cómo sería Superman con la autoestima baja?

superman

Tenemos suerte de que el tímido periodista de Krypton fuera, además de introvertido, una buena persona. ¿Te imaginas que fuera un ser acomplejado, taimado, egoísta y sólo deseara el mal para poder entonces deslumbrarnos con su capa roja y ganar unos puntos en su autoestima? Esto que parece algo bastante difícil de creer, podría encontrarse de forma encubirta detrás de personas tremendamente serviles. Por supuesto, sin necesidad de crear el mal, ¿cuántas veces hemos querido ayudar por el puro placer de ser más visibles?

Conozco a una persona que se está convirtiendo poco a poco en el pañuelo de lágrimas de todos sus compañeros de trabajo. Cuando alguno está especialmente mal le llama por teléfono, da igual a qué hora, y él los atiende como si fuera su terapeuta. Él se siente útil ayudando a la gente e incluso, me atrevería a decir que gracias a esta nueva afición, su propia autoestima sube como la espuma con cada minuto de conversación. No les resuelve la vida, pero el hecho de sentirse escuchados crea en las dos partes un lazo de confianza que a mi conocido le satisface mucho, aunque a veces se queje de los horarios que eligen para llamarle. Posiblemente sus ganas de ayudar sean de lo más sanas.

Cuando me contaba esta historia, me acordé de una relación que tuve hace un tiempo. En aquella época, mi pareja tenía serias dificultades en su trabajo y cuando llegaba a casa con el semblante tristón, sospechosamente y casi sin darme cuenta, mi ego se frotaba las manos.  Entonces desplegaba mi botiquín de primeros auxilios emocionales y cuando conseguía que remontara, sólo me faltaba fumarme un puro como Aníbal el del Equipo A después de acabar con éxito una de sus misiones. Pero, ¿qué pasaba cuando él estaba bien?, ¿qué hacía con mi Murdock y mi M.A. interiores?. Pues crear una guerra, lógico!. Sin problemas que resolver no podía lucir mis poderes de superheroína, así que lo único que me aseguraba poder actuar, era crear inconscientemente un nuevo conflicto.

Es maravilloso poder ayudar a las personas. Es un estado adrenalínico que nos permite sentirnos necesarios, estupendos, útiles e incluso, por momentos, imprescindibles. Pero cuando ser como Superman es una necesidad en nuestras vidas, es posible que el vicio del ego haya hecho acto de presencia y por encima de todo nos pida deslumbrar, sea cual sea el precio. Llegados a este punto, que la persona a la que ayudamos esté mejor o peor se convierte misteriosamente en algo secundario, porque lo principal es que tengamos materia prima, gasolina para que nuestro poder siga campando a sus anchas y nos permita lucir nuestra capa, demostrar al mundo que sin nosotros, la vida es pura beligerancia.

Entonces:

– ¿Se puede tener una necesidad  “enfermiza” de ayudar?, ¿tiene esto que ver con una falta de autoestima?

– ¿Eres de los que está dispuesto a ayudar si se tercia o atraes los problemas para poder desempolvar tu capa de superhéroe?

– ¿Utilizas una cabina o un fotomatón como Supermán para proteger tu anonimato o simplemente vives en un eterno carnaval?

Tropezar dos veces con la misma rana

IMG_20150320_190331Hace unos años cuando vivía en Las Palmas, andaba recién llegada del mercado y metí la compra en la nevera de casa. Un rato después decidí prepararme la comida, así que volví a abrirla y quedé perpleja cuando de repente saltó una pequeña rana de la estantería de las verduras. Después del inesperado triple salto mortal del animal, y con ayuda de una amiga, decidimos meterla en un bote y liberarla en una charca en un parque que había al lado de casa. La cosa quedó sin más como una simpática anécdota en mi memoria a pesar de lo insólito del acontecimiento. Sin embargo, y tal y como dice el dicho de que la realidad supera la ficción, hace unos días me levanté por la mañana y cuando entré en la cocina, me encontré tranquilamente sobre el suelo otra vez otra rana. ¿En un piso? ¿en medio de Madrid?. Lo primero que pensé fue, diablos! ¿cuál es la probabilidad matemática de que una persona se encuentre una rana en un piso en la ciudad dos veces en su vida?. La miré y ahí estaba, una rana preciosa, verde con las patitas claras, inmóvil, como esperándome para darme los buenos días. La noche anterior yo había llegado de viaje de un pueblo de Cáceres y pensé, date, me la he traído en la maleta, pero luego pensé, no, no, lo más probable es que haya saltado de la nevera, casi seguro. A mi me gustan los animales, pero claro, verte cara a cara a solas con un anfibio saltarín en casa es una situación…rara. No tenía intención de dejarla ahí pero no sabía muy bien cómo abordarla así que decidí coger un cepillo y el recogedor y tratar de capturarla y bajarla al jardín que hay debajo de casa y que ella decidiera cuál sería su siguiente destino. Me invadió la inseguridad, ¿y si empezaba a saltar justo en el momento de apoyar el cepillo sobre su lomo? ¿y si venía directa hacia mi?. Me armé de valor y conseguí taparla con una caja de plástico y bajarla a la calle. Me sorprendió que no hizo ningún ademán por querer saltar, pero pensé que si salía de la nevera como su amiga canaria, probablemente estaría fría y por eso no se movería. Una vez en la calle, la solté y con tan mala fortuna que cayó patas arriba con su lomo blanco nuclear apuntando al cielo, y me di cuenta de que estaba muerta. Pensé en el miedo que había pasado cogiéndola y resultaba que estaba tiesa. Decidí darle la vuelta con mucho cuidado por si decidía resucitar. Tal vez sólo tenía una hipotermia. Subí a casa y le mandé un whatsap a Pedro, mi amigo y compañero de piso para contarle lo que había pasado y él, al contarle la peripecia, soltó una sonora carcajada y me dijo: “Alicia, esa rana es de mi hijo pequeño y es de plástico”. Yo empecé a reir nerviosamente mientras Pedro seguía literalmente desternillado. Me parecía increíble haber confundido un trozo de plástico con un animal de verdad no sólo al verla, sino al manipularla en su viaje a la calle. Y entonces pensé que el simple hecho de que en una ocasión una rana saltara de la nevera, en mi cabeza había funcionado como un paradigma inequívoco de manera que, por asombroso que pareciera, tendría que estar pasando lo mismo, y esa creencia insertada como un clavo bien apretado, ni siquiera me dio la oportunidad de plantearme la realidad de lo que estaba ocurriendo. ¿Cuántas veces en la vida damos por sentado el desenlace de ciertas situaciones que vivimos por el mero hecho de haber vivido algo parecido en el pasado?, ¿cuántas oportunidades de ver la vida de otra forma, de vivir nuevas experiencias, de abrirnos a otros caminos perdemos sólo por creer que las cosas son como ya han ocurrido?. ¿Vivimos la vida que nos pasa o vivimos repetidamente la vida que ya ha sido una y otra vez?, ¿existe el destino o somos nosotros el propio destino?. ¿Te reinventas o te perpetúas una y otra vez?